
La rotura del ligamento cruzado anterior (LCA) es una de las lesiones más temidas por cualquier deportista que practica deportes con saltos, giros y cambios de dirección: fútbol, baloncesto, balonmano, rugby o esquí. No solo por la cirugía, sino por lo que viene después: un proceso de recuperación que, en el mejor de los casos, se prolonga entre nueve y doce meses hasta la vuelta a la competición.
En Kinetia acompañamos a deportistas en todas las fases de este proceso, desde los primeros días tras la intervención hasta el último entrenamiento con el equipo antes de volver a competir. En este artículo se describen esas fases y, sobre todo, los criterios que permiten avanzar de una a otra.
Antes de la cirugía: la prehabilitación
Cuando la cirugía no es inmediata, el periodo previo es una oportunidad que no conviene desaprovechar. Llegar a quirófano con la rodilla sin inflamación, con la extensión completa recuperada y con un cuádriceps fuerte facilita la recuperación posterior. Los deportistas que realizan un programa de prehabilitación suelen recuperar antes la movilidad y la activación muscular tras la intervención.
Durante estas semanas trabajamos la movilidad, la fuerza del cuádriceps y de los isquiotibiales y el control de la rodilla. También es el momento de realizar una primera valoración de fuerza de la pierna sana, que servirá como referencia durante todo el proceso.
Las fases tras la reconstrucción
La recuperación se organiza en fases. Las semanas que se indican son orientativas: lo que determina el paso a la fase siguiente es el cumplimiento de los criterios, no el calendario.
Fase 1. Protección y control (semanas 0 a 6)
Los objetivos son controlar el dolor y la inflamación, recuperar la extensión completa de la rodilla, alcanzar progresivamente la flexión y reactivar el cuádriceps. Se trabaja la marcha sin muletas en cuanto el control lo permite. Criterios de salida: extensión completa, flexión superior a 120 grados, marcha normal y ausencia de derrame articular.
Fase 2. Fuerza (semanas 6 a 12)
Comienza el trabajo de fuerza con cargas progresivas en el gimnasio: prensa, sentadilla, ejercicios unilaterales y trabajo específico de isquiotibiales. Se introduce la bicicleta y el trabajo de equilibrio. Criterio de salida: una diferencia de fuerza de cuádriceps inferior al 20 % respecto a la pierna sana (simetría ≥ 80 %), medida con dinamometría isométrica.
Fase 3. Carrera y saltos (semanas 12 a 20)
Si los criterios se cumplen, se inicia la carrera en línea recta y la introducción de saltos bilaterales y después unilaterales. El aterrizaje se analiza en plataformas de fuerza para detectar asimetrías en la absorción del impacto. Criterio de salida: diferencia inferior al 10 % en fuerza y salto (simetría ≥ 90 %) y aterrizajes controlados y simétricos.
Fase 4. Agilidad y gesto deportivo (semanas 20 a 32)
Es la fase más específica. Se trabajan los cambios de dirección, las desaceleraciones, los saltos con giro y las situaciones propias del deporte. En el gimnasio de readaptación de Parquesol esta fase se desarrolla en la pista de césped artificial de 20 metros, con células fotoeléctricas para registrar los tiempos de las pruebas de agilidad y velocidad.
Retorno al entrenamiento y a la competición
El deportista se reincorpora de forma progresiva a los entrenamientos con su equipo: primero sin contacto, después con contacto controlado y, finalmente, con normalidad. Solo cuando tolera varias semanas de entrenamiento completo se plantea la vuelta a la competición.
Los criterios del retorno al juego
La decisión final se toma con una batería completa de pruebas que se realiza en una valoración funcional y de fuerza. Entre los criterios más relevantes se encuentran:
- Índice de simetría superior al 90 % en la fuerza de cuádriceps e isquiotibiales.
- Índice de simetría superior al 90 % en una batería de saltos a una pierna: distancia, triple salto y salto cruzado.
- Calidad del aterrizaje y de la desaceleración en los cambios de dirección.
- Rendimiento en pruebas de agilidad comparable al previo a la lesión o al del grupo de referencia.
- Confianza psicológica del deportista, evaluada mediante cuestionarios validados.
Este último punto se subestima con frecuencia. El miedo a volver a lesionarse condiciona la forma de moverse y aumenta el riesgo. Un deportista físicamente preparado, pero que no confía en su rodilla, todavía no está listo para competir.
El tiempo es una condición necesaria, pero no suficiente. Volver antes de cumplir los criterios es la decisión que más se paga.
Un proceso coordinado
La readaptación de un LCA implica a muchas personas: el traumatólogo, el fisioterapeuta, el readaptador, el preparador físico del club y el propio deportista. En Kinetia el proceso lo coordina un mismo equipo, con un informe de datos al cierre de cada fase que se comparte con los profesionales implicados. En el caso de los deportistas de clubes con acuerdo, la comunicación con el cuerpo técnico se establece desde el inicio.
Puede conocer cómo trabajamos en la página de readaptación deportiva y en la de traumatología y postoperatorio. Si ha sufrido una rotura de LCA o está pendiente de cirugía, puede reservar una primera valoración para diseñar su plan de recuperación desde el primer día.



